Investigar es viajar hacia afuera de nosotros mismos (18/366)

Viajar enriquece la mente, ennoblece el espíritu y mejora la personalidad de cualquiera. Pero no es lo mismo viajar como turista que como investigador gastronómico, aunque confieso que a veces las líneas son tan delgadas que hacer investigación para muchos podría sonar a un viaje de placer o de turismo del más hedonista. Pero nada más contrario a esto.
Viajar a otros sitios significa salir de tus áreas de confort, de renunciar brevemente a las relaciones de seguridad (humanas y materiales) que tienes en tu lugar de origen, en donde habitas la mayor parte del tiempo y con quienes más convives. Significa abandonar tu cama, literalmente y en sentido figurado, y reducir tus posesiones a una maleta y algunos artículos que te ayudarán a hacer de tu viaje un éxito.
Significa también cambiar brevemente de hábitos alimenticios, de conocer más gente que probablemente jamás se volverá a ver otra vez, de abandonar aquello que tal vez no se reconozca nuevamente. Se trata de comerse bocados a veces rápidos a veces lentos de una realidad distinta a la nuestra, a esa que estamos acostumbrados. Significa moverse físicamente para que nuestras ideas, pensamientos, sentimientos y hasta maneras de ver la vida también se muevan y con ello desprendan nuevas preguntas, nuevas respuestas, nuevas maneras de provocar conocimiento.
Investigar significa viajar hacia afuera de nosotros mismos: reconocer en otras personas verdades similares o mejores que las nuestras, propias de cada pueblo al que se visita, propias de cada persona con quien se conversa. Investigar significa salir de nosotros mismos, de nuestras propias ideas y creencias, para reconocer otras verdades. Viajar es fundamental para investigar.

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