Chile en nogada receta Lalo Plascencia

El chile en nogada es el plato de temporada más importante de México durante el verano y parte del otoño. Te dejo mi receta y mis secretos mejor guardados. Te invito a que me compartas la tuya, y hagamos junto la receta perfecta de chiles en nogada.

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Las monjas

Diversidad Poblana: Encuentro de Chiles en Nogada

Como en cualquier plato de fuerte arraigo popular, todas las cocineras dicen guardar las recetas originales heredadas por las monjas, lo que deriva en confusión o malinterpretación cuando se busca un origen certero como ocurre con la receta auténtica para tener los Chiles en Nogada de Puebla, México de la Cocina Mexicana Tradicional.

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El Encuentro Barroco con Puebla

El encuentro barroco con Puebla

Cuando una región tiene platillos estandartes de la culinaria nacional, distrae la mirada de otras preparaciones sutiles, e incluso, ocasiona una generación de falsos o incompletos paradigmas gastronómicos. Este es el caso de Oaxaca, Puebla, Veracruz, Yucatán y Michoacán. La necesidad de romper el esquema poblano dominado por los chiles en nogada, las cemitas y el mole fueron motivos de una investigación de reconocimiento. De esas que revelan secretos, incrementan el panorama visual y recuerdan las virtudes del encuentro con el ajeno.

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Muchos hemos disfrutado de unos deliciosos chiles en nogada, pero, ¿cuánto conoces acerca de ellos?

5 datos que NO conocías de los Chiles en Nogada

Detrás de un gran platillo siempre hay una gran historia, por ello te comparto 5 datos que no conocías de los chiles en nogada

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Chiles en Nogada

Las leyendas de los Chiles en Nogada

Este platillo ha cautivado al mundo entero pues su presentación, su sabor rico en ingredientes y texturas y el valor histórico que tiene el Chile en Nogada ha colocado en alto a la gastronomía poblana y mexicana, considerado como uno de los platillos más emblemáticos de México.

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Pa’ la pasita siempre hay


PUEBLA, Puebla. Era el tercer caballito de Pasita. Veníamos de un recorrido por Atlixco y teníamos que regresar a trabajar. Pero es que ese caballito con rebanada de queso y dos uvas pasas atravesadas por un palillo siempre seducen.

El cuarto caballito fue inminente. Por más que el tiempo corría en nuestra contra –el dueño del local estaba por cerrar y la reunión de trabajo estaba por empezar- queríamos dejarnos llevar por el elixir.

Horas antes gastamos todo nuestro efectivo en las compras del mercado y el último billete grande lo empleamos en la tercera ronda. Cambio, morralla, vuelto o como quiera que en México se le llame, era lo que teníamos ambos en las bolsas.

Dubitativos, comenzamos a juntar las monedas. No alcanzábamos los siguientes 50 pesos para la cuarta ronda. Teníamos que probar otro, la necesidad de expandir nuestro conocimiento y de ampliar el perfil gustativo se empezaba a tornar en adicción.

Y llegó la frase, como acuñada por los mismos ángeles que diseñaron la ciudad de Puebla, como bajada del cielo en carretas de oro, con el rostro iluminado como cuando un niño encuentra una moneda en la bolsa trasera de su pantalón y que por segundos le hace sentir la misma satisfacción de hallazgo que la del arqueólogo cuando descubre un asentamiento maya: “Pa’ la pasita siempre hay”.
 

Momento glorioso, paroxismo y éxtasis: escondido en una rendija de su cartera, un billete de 50 pesos. El rostro entre rojizo y rosado de Morelos jamás tuvo mejor destino: completar para la cuarta ronda de pasita.

Y en la ciudad de los ángeles, seguramente Dios tiene horario para rondar el Callejón de los Sapos porque ese billete y las monedas que teníamos sumaban para la cuarta ronda y por escasos dos pesos no completábamos para la quinta. El cuarto caballito supo a la redención de Cristo pero fue tan fugaz y profundo como el respiro de un bebé.

Gracias al efecto de lo bebido estábamos por negociar un acuerdo con el dueño para dar rienda suelta al quinto disparo. Qué significarían dos pesos para un hombre que se da el lujo de cerrar o abrir en los horarios que prefiere. Me dispuse a comenzar la negociación con la lengua endulzada y engatuzada, cuando por revelación divina se escuchó detrás nuestro el cierre de la cortina del pequeño local, el dueño comenzó a limpiar la barra, cerrar la caja y vernos con ojos ansiosos de nuestra salida.

Sus actos fueron sabios. Dicen por ahí que no hay quinto malo, pero para la Pasita nuestro cantinero revela que puede ser catastrófico. Fueron 30 minutos para las cuatro rondas. Media hora para sentir un bocado de Puebla; y para el goloso, el día siguiente. Salimos del local orgullosos de evitar la catástrofe y alcanzamos los primeros 10 minutos de una reunión de la que no recordamos nada.

“Pa’ la Pasita siempre hay”, no solo dinero sino disposición, no solo intensión sino capacidad. Desde entonces para la quinta ronda siempre habrá otro día, otro momento. Siempre habrá recuerdo, espacio en la memoria. Así comenzó nuestra amistad y casi tres años después Liz Galicia –chef de El Mural de los Poblanos- y un servidor siempre buscamos espacio para recordar la frase, reír y buscar monedas. La quinta ronda algún día llegará. Al fin que tiempo y Pasita parecen siempre sobrar.

 

Recomendación del mes

La Pasita es un local ubicado frente al Callejón de los Sapos en el centro histórico de Puebla, a pocas cuadras del mercado El Parián. La bebida homónima que ofrecen es un licor de pasas hecho por ellos desde hace casi 99 años, dulce, aromático y refrescante.