Brandy y chocolates conversatorio cocina mexicana

Brandy, chocolates y conversación de cocina mexicana entre Lalo Plascencia, Isabella Dorantes y Azari Cuenca. El brandy de Jerez es uno de los tesoros enológicos del sur de España. Lalo Plascencia organizó una degustación de 3 brandys de Cardenal Mendoza con diversas soleras y chocolates elaborados por Barry Callebaut.

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Brandy de Jerez y cocina mexicana

El brandy de Jerez es mi nuevo crush. Sus sabores, aromas y delicadeza me permiten imaginar posibilidades culinarias infinitas. Te comparto esta cata de Marqués del Mérito de Bodegas Díez-Mérito. 
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#sherrymx en La Carboná Jerez

La cena #sherrymx de 6 platos servidos en el restaurante La Carboná, en Jerez, inaugura las celebraciones del 25 aniversario. El chef Javi Muñoz, el chef del Sherry, es anfitrión de un menú que recorre diferentes regiones de México.

Lalo Plascencia ofrece sus versiones de Aguachile, Cabrito, Pescado Zarandeado y otros platos mexicanos.

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Albero otra tierra que pisar

Comprender la tierra de donde vienen los vinos es comprender sus secretos. Entender el albero, tierra andaluza única, es adentrarse a los misterios del vino de Jerez.

En el albero nacen nuestras uvas, donde descansan las botas de vino por lustros o décadas. Esta tierra es única en el mundo. Tiene condiciones que se transmiten a la uva, y de ahí al arte del enólogo. La virtud de ser ancestral se bebe en forma de vino de Jerez.

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Ruth Amaya vinos de jerez

Ruth Amaya es formadora homologada en vinos de Jerez. Con 20 años de experiencia en la gastronomía. Es embajadora de marcas de prestigio. Además es excelente administradora de la imagen y relaciones públicas de cocineros, restaurantes y conceptos enológicos.

Es creadora de #sherrymx junto a Lalo Plascencia para difundir la relación de cocina mexicana y los vinos de Jerez. Conócela y enamórate de una nueva forma de Relaciones Públicas orgánicas en lo digital y presencial.

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Pedro Ximénez La joya de mi corona

El Pedro Ximénez es un vino único. La experta en sherry Ruth Amaya nos cuenta sus secretos. Elaborado con uvas del mismo nombre, es el considerado el más dulce de los vinos de Jerez. Con mucha complejidad, de notas de uvas pasa, y de dulzor que embelesa.

Ruth Amaya -formadora homologada en vinos de Jerez-  comparte en laloplascencia.com su conocimiento de vinos, maridajes, y experiencia en gastromarketing.

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Vinos y licores para dummies

Haces planes con tus amigos, quieren organizar algo tranquilo en casa de alguien y se les ocurre comprar esa botella de vino que vieron a buen precio en el aparador, pero ¿Sabes qué es lo que sí y lo que no debes hacer antes de tomarte esa botella de vino para verte como un profesional? Es por eso que realicé esta guía de vinos y licores para dummies.  Continuar leyendo →

Generosa complejidad jerezana

 

La complejidad jerezana es como la mexicana: diversa, interminable. Vivir la experiencia de los vinos de Jerez es introducirse a una cultura única, añeja, de tradiciones arraigadas. Mis viajes por la zona vinícola jerezana me permite hacer una mejor cocina mexicana en Europa y en México. Me confieso complejo, necesito de esta generosa complejidad jerezana.

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Tacos y vinos #tomavinomexicano #1000tacos2015 (Parte 1)

¡Salud compadre!

No recuerdo cuánto bebimos esa noche. Seguramente fue menos de lo que en otras noches. Lo cierto es que más que beber, conversamos. Una plática que ambos añorábamos en medio de mucha sinceridad, corazón abierto, franqueza en el trato, sencillez en lo comido, y mesura en lo bebido. Un día anterior inauguraba su nuevo proyecto, pero yo decidí conversar con él sin tumultos, en el silencio del día después, sin la vorágine de los invitados, sin el estrés del estar bien con todos.

Las dicho queda entre nosotros, pero lo auténticamente público es que ambos echábamos de menos un espacio para hablar con sinceridad. Y es que cualquier persona que se precie de considerarse humana necesita de espacios con otras personas que igualmente puedan escuchar y quieran ser escuchados.

En realidad esa es la razón por la que el humano es un animal social. La bebida es un pretexto de unificación, de pertenencia a un mundo o a otro. Para unos será cerveza o vino, para nosotros siempre será mezcal. No podría ser diferente, el oaxaqueño de corteza dura, y yo de herencia materna que me conecta con aquellos valles muy centrales rodeados por montañas de gran displicencia.

Un trago de mezcal de San Luis Potosí es suficiente para abrir conversación en confianza. Insisto en que la bebida es un pretexto efímero que utilizamos los más cohibidos para comenzar, una excusa para la unificación y para el restablecimiento de una amistad que por muchos años nos ha permitido ser mejores.

Estábamos distanciados; y separarse de un amigo sincero siempre es doloroso. Pero la vida es así, a veces se tienen que comenzar nuevos caminos y abrir nuevas puertas individuales para comprender, lo mucho que se extraña a un personaje o a una situación. Como dice el clásico, parece que ahora sí, en el final, se aprende. Con las amistades pasa lo mismo, nunca se acaban pero se desgastan, no se olvidan pero se hacen a un lado por cumplir con otros compromisos.

El mezcal siempre acompaña a la verdad. Es su fiel amigo, su cómplice, un facilitador de sinceridades, y un entrañable duende que reactiva lo que parece adormilado.

Con Alejandro las cosas siempre han sido así. Ambos habíamos olvidado cuánto mezcal, viajes, y situaciones hemos vivido juntos o acompañándonos a la distancia. Habíamos olvidad en qué circunstancias nos conocimos, la coincidencia amistosa desde el inicio, las formas entrañables de construir complicidad. El mezcal fue el pretexto para acompañarnos como amigos y compadres. Se terminó la distancia soberbia, se alejó con tragos de El Jolgorio el desdén del tiempo. La amistad no acaba, se transforma, y la nuestra aquel día tuvo nuevos bríos. Gracias compadre por que regresamos al camino ahora que ambos necesitábamos estar acompañados. Salud y gracias.

Recomendación del mes

Nunca beba solo. Trate a toda costa de encontrarse con sus amigos, parejas, compañeros, ligues, romances o lo que sea que lo acompañe a beber una etiqueta nueva de mezcal o de cualquier otro destilado. Reencuéntrese con usted mismo a través del contacto con los suyos, de aquellos que lo quieren y extrañan. Y sí, por si se lo preguntaba, curioso lector, aquel compadre y amigo sí es Alejandro Ruiz, su Alejandro, el de Casa Oaxaca.

Un buen viaje

Es tan complejo el mundo de los destilados y la gastronomía, que a veces parece lejano el momento de encuentro de la sinceridad. Sí, hay mucho elitismo, muchas poses, mucha falsedad y ambición cubierta de supuesta sinceridad y pasión.

Pero existen espacios, caminos. Durante el Baja Culinary Fest pude compartir escenario con los nóveles y entrañables productores del mezcal Buen Viaje. Y así de simple, el nombre, como Tijuana, era una promesa. El encuentro anhelado nos invita a la conversación cada vez más profunda. Un sorbo del mezcal y estamos en sintonía, en diálogo que va más allá de las palabras.

Y ahí, el venado. Una jícara tallada a la usanza huichola para compartir el mezcal que se convirtió en símbolo del viaje, en recordatorio de la sencillez de la existencia. En el segundo sorbo de una de sus etiquetas ya era una necesidad por encontrar explicaciones profundas, por revelar lo que éramos y abrirle paso a lo que podríamos ser: amigos y cómplices en un viaje que hoy nos pone en el mismo camino.

Las distancias geográficas son fundamentales. Ellos mexicano y argentino, yo chilango, el mezcal oaxaqueño y el encuentro en Tijuana. Insisto en el significado de Tijuana como lugar de encuentro, como sitio de posibilidades infinitas. Como si fuera la última frontera de la razón, de la virtud y del conocimiento mismo.

Su madrecuixe es el venado, y así cada etiqueta una representación simbólica, esencial, de los animales de acuerdo a los huicholes. Y la conversación fluía, la complicidad estaba hecha. Esbozos de incipiente amistad pero de comprensión profunda. Beber mezcal es una oportunidad de abrir nuevos caminos para la autocomprensión y la del otro. Beber mezcal siempre es reconocerse en el ajeno. Conversar, y entender que existen otros mundos, otros caminos, siempre frescos y renovadores.

El mezcal retoma su sentido, el de unificar. Hacer comunidad, permitir la renovación de enlaces cósmicos, recobrar amistades perdidas en el tiempo, o de construir canales para la comunicación eterna. El venado observa con ojos inmóviles, fijo en el horizonte, atravesándote como una lanza, bebiendo agua y observando el mundo que le rodea. El mezcal posibilita, encuentra y hace encontrar.

Existen otros mezcales, con significados e intensiones distintas. El encuentro provocado por este me hace recordar a los tiempos en que todo inicia. En la inocencia de la falta de experiencia, en la virtud de la ignorancia, en la ansiedad que genera una respuesta esperada, en el placer de esperar para recibir después el todo, el principio y el fin.

Recomendación del mes

Las etiquetas de esta marca están diseñadas y son obras de arte en sí misma. El contenido es un lujo. Desde monovarietales como el tobalá y espadín, y para destacarse el madrecuixe, el del símbolo del venado. Las mezclas de madrecuixe-espadín y bicuixe-espadín son un absoluto placer, bien diseñadas, balanceadas y en correcta proporción.

Tequila en Ruta. Libertad y contexto indefinidos

Paloma García Castillejos
Es un hecho que, aunque el turismo cultural y gastronómico en México es una opción sustentable y rentable para el desarrollo económico de una región, es un concepto que está en vías de desarrollo en muchos aspectos.

Visitar Tequila, Jalisco, en un recorrido como el que existe en la actualidad bajo el nombre de la Ruta del Tequila es una demostración del correcto aprovechamiento de infraestructura y recursos naturales de un lugar determinado. Es, para muchos, una forma de demostrar que el turismo en manos de la iniciativa privada no es una idea descabellada, al contrario, está bien aprovechada y cuyas rentas son benéficas.

El recorrido pretende que la visita sea una experiencia global: desde subir a un tren –dicho sea de paso, con todas las comodidades posibles- recorrer paisajes característicos jaliscienses, hasta descubrir un panorama digno de observarse por lo menos una vez en la vida: los campos de agave de tono azul verdoso que atesoran una tradición centenaria de producción.

El diseño de la ruta está bien concebido: cumplen los horarios y mantienen ocupado al turista. Una desventaja de ir en un grupo así, es que dejan poco tiempo para descubrir espontáneamente el lugar y tener experiencias individuales.  En realidad, al recorrido le falta otorgarle libertad al visitante para experimentar Tequila a su forma, a su estilo, con autonomía y soltura. Notoria dicotomía respecto a la planeación excesiva de una de las más afamadas y exitosas plataformas turístico-gastronómicas del país, cuando se gana extrema organización pareciera que se pierde un poco de espontaneidad.



Resulta para mí, una pasajera común de aquel tren, una gratísima sorpresa ver y reflexionar a posteriori el enorme cuidado de los detalles de la ruta turística-cultural. Gracias a su nombramiento como Pueblo Mágico, Tequila es un lugar impecable: ni una basura en el suelo, nada fuera de su sitio, ningún muro diferente al otro. 

Hay que reconocer a los organizadores de este desarrollo, el tener una infraestructura tan establecida en sus procedimientos como para tener una barra libre con servicio ininterrumpido del elixir de agave desde las 11 de la mañana (hora en la que arranca el tren) hasta las 8 de la noche que regresa a sus pasajeros al lugar de origen. Es indudable que ya han tenido contratiempos con el abuso de alcohol, pero eso los hace más admirables porque mantienen bajo control todas las variables que podrían desencadenar en caos.

La discusión que podría iniciarse por una ruta gastronómica y cultural de esta magnitud es clara: la viabilidad y calidad que representa la iniciativa privada contra la a veces inoperante gestión gubernamental. Rutas hechas por el gobierno en otros estados, con otras ideas pero con una esencia parecida, resultan no tan eficientes o con una documentación muy escasa para informar a los turistas. Es de agradecerse que las personas que guían la ruta de Tequila dominen el tema y resuelvan dudas de manera clara, en otros casos ya experimentados pareciera que nadie sabe nada o nadie quiere decir nada.

Una reflexión para seguir construyendo sobre rutas turísticas y culturales sería el tipo de comida servidos. Si bien es cierto que el servicio de alimentos fue excelente y delicioso, los platillos estaban descontextualizados, no correspondían a la gastronomía del lugar y podrían haber aprovechado ese factor para que el turista pueda maridar y vivir la experiencia completa del modo de vida de Tequila. Tal vez en la exagerada necesidad por planear algo universal y comprensible para cualquier tipo de turista de cualquier lugar del mundo se pierde contexto local, y con ello oportunidades para revelar condiciones reales del lugar donde se ubica dicha experiencia.

Finalmente, la consolidación de proyectos como este se forman a base de críticas constructivas y retroalimentación. Es un apapacho al turista – y a su cartera- saber que las cosas a mejorar son mínimas y salir con ese gran sabor de boca. ¡Salud por la ruta, salud a ustedes, salud por el buen vivir que significa el Tequila!

Perfecta sinfonía



El Valle de Napa es una de las regiones vitivinícolas que más me han cautivado. Es ahí en donde se acuñó el término de Cult Wines para llamarle a aquellos caldos de pequeñísimas producciones que transmiten con finura las complejas personalidades del terroir californiano y que, por ende, se veneran alrededor del mundo con vibrante frenesí.
Para formar parte de este selecto club no basta hacer vino de excelente calidad. La madre tierra debe estar en correcto balance para que los varietales se expresen abiertamente; la fruta debe ser la mejor, las manos trabajadoras en el campo tienen que obedecer el ritmo marcado por el viticultor, quien, cual director de orquesta entrelaza todas las notas en correcta armonía, para que así germine la magia. Después de esto solo queda aguardar a que de tierra, uva, manos y sol, brote un gran vino con sublime sabor a sinfonía.
Algunos de los afortunados productores de la “República de California”, que han logrado este vinífero sueño americano son Screaming Eagle, Araujo, Bryant Family y Harlan Estate, esta última ha sido sabiamente definida por el gurú del vino Robert Parker como “la suprema bodega de vinos de culto” ´por haber recibido, entre muchos otros reconocimientos, puntajes perfectos en el ´94, ´97, ´01, ´02 y ‘07.
Es importante mencionar que por más libros que devoré sobre el tema y una buena cantidad de vinos que de este calibre bebí, sabía que no sería suficiente. Tenía que volar hacia Napa, aquél paraíso donde Dios es californiano y se llama Baco; lugar donde terminaría por entender el tema.
 
Sin duda tenía que visitar Harlan Estate, que aunque sus rejas no son abiertas al público, se hizo una histórica excepción para que un simple mortal como yo pudiera disfrutar de su propiedad. Ya estando ahí aparecería ante mí un mítico Harlan Estate 2002. Expresiva epopeya de mil adjetivos. Seductivo desde la primera gota. Complejo, vibrante, de poderosa nariz, voluptuosamente hedonista, de carácter noble y profundo. Cada segundo sus aromas y sabores aparecían enfilados, brillando individualmente. Cerezas, tierra  mojada y cuero primero sobresalieron. Especias que recordaron al clavo y al anís. Después sabores a frutos rojos, moras, chocolate y espresso que le decían a mi paladar “Síguenos disfrutando”. Aterciopelado su paso de principio a fin. Una belleza.
Podría seguir narrando durante horas, pero mejor hagan ustedes lo mismo que yo. Vuelen a Napa, encuentren los mejores vinos, entren a sus  viñedos, ahí disfrútenlos y abran todos sus sentidos al estarlos bebiendo. Yo estoy seguro que si ponen mucha atención, quizá logren escuchar dentro de su copa, algo que yo siempre busco: Una perfecta sinfonía.
Nada más.

 

El Señor Sapiens
Exploro las historias detrás de lo que como y bebo. Mi inspiración surge de aquellos sabios que conciben elementos únicos que alimentan el alma. Me apasiona el vino, los destilados, la comida y todas las experiencias que giran a su alrededor. Nada más.

Con Priorato en mano

Por Señor Sapiens
twitter@vinosapiens

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Si hacer vinos es complicado, en el Priorato mucho más. Trabajar la tierra en esta región es un acto de amor. Es subsistir bajo la presión de los elementos. En el trabajar y en el sufrir aparecen, cuando menos se espera, gratos brotes de satisfacción.
René Barbier, visionario de las artes vinícolas, sensei  para muchos, francés de nacimiento y español de corazón, decidió apostarle hace un poco más de tres décadas a las escarpadas terrazas españolas que colosalmente se enclavan en los horizontes de Cataluña.
En ese entonces, dicha comarca estaba casi en total olvido. Previo a los setentas nadie ponía atención a los rudos vinos de mesa que ahí se gestaban,  nada memorables, tropiezos de insignificante simpleza.  Sin embargo, René decide aventurarse en su enológica travesía. El territorio indómito sería el Priorato.
Después de treinta años su tenacidad rindió frutos. Creó vinos de calidad en agrestes tierras, otorgándole finalmente a la región, el protagonismo que merecía. Combinando décadas de mucho sol y poca agua en una fusión de viejas tradiciones con modernas técnicas, logró darle reconocimiento a estas salvajes cerranías, convirtiéndolas en viñedos reconocidos en el mundo.
Los de René han entrado al juego de los vinos ibéricos de élite y lo ha logrado con todas sus peculiaridades. Cuidar la biodiversidad que rodea sus viñedos, decidir vid por vid cuál está lista, y seleccionar a mano uva por uva, son sus premisas. Sin duda alguna, un vigneron con profuso amor a la tierra.
Uno de sus más famosos vinos es el Manyetes y la edición 2007 es un reflejo del terroir: intenso, sofisticado, expresivo y potente. Es una mezcla de viejas cepas de Cariñena, Garnacha y Syrah.  Regala un buqué mineral que definitivamente viene de las pizarrras secas bañadas al sol. Especias exóticas, incienso, ciruela. En el paladar es denso, muy complejo, balanceado y de final muy largo. Una personalidad poderosa y única.  En palabras de René, hay que olvidarnos del término de vino de autor. Los vinos deben ser vinos de terruño, reflejando los secretos del lugar, el autor pasa a segundo plano.
Al inicio de su alocada travesía  muchos creyeron que era un demente o un extraterrestre  y que sus vinos difícilmente sobresaldrían. Ahora sus viejos críticos han callado. René ha convertido a su vino en el verdadero terruño del Priorato. Yo brindo por los que se aventuran a lo desconocido,  por los que creen en la tierra y la trabajan de singular modo. Brindo por René,  por supuesto, con Priorato en mano.
Nada más,

El Señor Sapiens
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