¿Quién es responsable en los medios digitales?

En 2010, el panorama digital en México se destapó con retos y oportunidades. Mientras Facebok crecía en su uso social y algunos lo observaban como espacio para hacer negocios, Twitter funcionaba entre los menos relajados que lo veían con potencial casi intelectual, YouTube era un espacio para ver videos chuscos, y algunas redes que hoy son cotidianas estaban lejanas a existir o implementarse en México.

Un año también icónico en el ambiente gastronómico: la declaratoria del Patrimonio Intangible de la UNESCO para la cocina mexicana, la fiebre de los congresos y los festivales en la que parecía no haber semana del año sin uno de ellos, la inclusión de Pujol en la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo, la televisión nacional e internacional tomando como tema principal a la cocina y sus actores, los canales de televisión de paga dedicados a cocina tomaron a un cúmulo de mexicanos como abanderados y con ello cumplieron la promesa de antaño en la que los cocineros se convertirían en figuras mediáticas tipo estrellas de rock. La era del tiempo real iniciaba sin control.

Sin anacronismos fatuos, eran otros tiempos. Algunos periódicos impresos se debatían entre la digitalización total o parcial, otros decidieron –hasta la fecha- mantener sus portales electrónicos cerrados a los suscriptores, y muchos optaron por estrategias de redes sociales para replicar la información publicada o reforzar lo que sus impresos exhibían. A la luz de este panorama, las reglas del juego cambiaron para siempre. Los medios convencionales tuvieron que competir directamente –y en ocasiones fracasando- con blogs, cuentas de redes sociales o portales digitales que no solo ganaban la noticia, sino que parecía que la controlaban, dirigían y hasta comenzaban a manipular.

Para informar de gastronomía, los blogueros, tuiteroso facebuqueros optaron por la salida hasta ese momento común: fotos de platillos con comentarios tan llenos de adornos editoriales que parecía que el rigor de antaño –ese en el que estaban construidos los grandes imperios de la información- había desaparecido. Las cuentas de redes sociales de aquellos que publicaban indiscriminadamente “noticias culinarias” comenzaron a crecer por el interés de saber qué, cómo, dónde y con quién se come. La relatividad temporal en las noticias culinarias quedó extinta ante la inmediatez: los usuarios interactuaban con los que informaban y su popularidad crecía sin normas más que las formadas con la retroalimentación entre autores y usuarios.

Tan rápido fueron los cambios, que los periodistas de medios convencionales comenzaron a ver en esas transformaciones una oportunidad para dotar a la noticia de cercanía con la audiencia, una especie de vox populi que muchas veces sometía a la veracidad al mandato de la mayoría, y como resultado, la ruptura de la sensación dictatorial que muchos usuarios tenían sobre los medios tradicionales.

Así en los años subsecuentes, los nuevos medios digitales se debatieron entre la aparición de una nueva red social (foursquare, instagram, pinterest, entre otras) que utilizar como parte de su plataforma informativa, y el establecimiento de las reglas para su uso. La libertad –a veces confundida con libertinaje- fue tan grande, que cuentas de Twitter o Facebook nacieron con el propósito de contar chismes, molestar a los principales actores del gremio, y llamar al conflicto entre una naciente élite de cocineros y aquellos que se sentían no pertenecientes a ella.

Y las preguntas desde todos los frentes no cesaban: ¿quién controla su contenido? ¿cuál es el rigor periodístico que siguen para la publicación de la noticia? ¿cuál es su libertad editorial de o dependen de intereses económicos? ¿cómo sobreviven financieramente? ¿quién o quiénes rigen el flujo de información? ¿aplican las mismas reglas tácitas y explícitas para los medios convencionales que para los digitales?

Muchas de estas preguntas se mantienen sin respuesta certera, e incluso el debate ha sido tan sutil que las consecuencias de lo discutido parecen no existir. Sin embargo, en los últimos años algunos medios digitales, con mayor grado de responsabilidad y entendimiento del oficio convencional, mantienen la hegemonía y otros han desaparecido como parte de una decantación natural que ha llevado a los consumidores a exigir más, con mayor rapidez, y con necesidades cada día más puntuales.

En cinco años el panorama de comunicación de la noticia gastronómica ha cambiado sensiblemente. Medios digitales presencian el nacimiento de medios impresos que lucha por conseguir un espacio en el universo informativo. Incluso, la nostalgia por el papel ha llevado a algunos expertos de la digitalización a construir revistas o compendios que sirven como testimonio de que el papel tiene un lugar en la sensación de veracidad entre los consumidores.

Mucho camino queda por recorrer en la regulación de estos medios. Sin dudas la inversión es el primer obstáculo –se requiere una buena cantidad de dinero para generar competencia real y ganar espacios-, el siguiente son las líneas editoriales rigurosas que aún están pendientes para su gestión y consecución. Y ahí la pregunta sigue en pie ¿quién o quiénes serán responsables de la noticia gastronómica en 2016? Nos toca a todos responder.
Lalo Plascencia
Chef e investigador gastronómico mexicano. Fundador del Centro de Innovación Gastronómica, espacio dedicado a la generación de conocimiento innovador aplicable en educación, tecnología y creatividad culinaria. Dedicado a la asesoría y capacitación en cocina mexicana.
twitter@laloplascencia
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laloplascencia

Cocinero mexicano dedicado a la investigación gastronómica. Nombrado por diario Excelsior como "El chef que ha revolucionado la forma de entender la gastronomía mexicana" Fundador de CIGMexico - Lalo Plascencia, nombrado Maestro Cocinero de México, conferencista, masterclass y promotor de #sherryMX Creador del Seminario de Actualización en Cocina Mexicana y Gastroinnova: Seminario de Innovación y Creatividad en Cocina Mexicana

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