¡Salud compadre!

No recuerdo cuánto bebimos esa noche. Seguramente fue menos de lo que en otras noches. Lo cierto es que más que beber, conversamos. Una plática que ambos añorábamos en medio de mucha sinceridad, corazón abierto, franqueza en el trato, sencillez en lo comido, y mesura en lo bebido. Un día anterior inauguraba su nuevo proyecto, pero yo decidí conversar con él sin tumultos, en el silencio del día después, sin la vorágine de los invitados, sin el estrés del estar bien con todos.

Las dicho queda entre nosotros, pero lo auténticamente público es que ambos echábamos de menos un espacio para hablar con sinceridad. Y es que cualquier persona que se precie de considerarse humana necesita de espacios con otras personas que igualmente puedan escuchar y quieran ser escuchados.

En realidad esa es la razón por la que el humano es un animal social. La bebida es un pretexto de unificación, de pertenencia a un mundo o a otro. Para unos será cerveza o vino, para nosotros siempre será mezcal. No podría ser diferente, el oaxaqueño de corteza dura, y yo de herencia materna que me conecta con aquellos valles muy centrales rodeados por montañas de gran displicencia.

Un trago de mezcal de San Luis Potosí es suficiente para abrir conversación en confianza. Insisto en que la bebida es un pretexto efímero que utilizamos los más cohibidos para comenzar, una excusa para la unificación y para el restablecimiento de una amistad que por muchos años nos ha permitido ser mejores.

Estábamos distanciados; y separarse de un amigo sincero siempre es doloroso. Pero la vida es así, a veces se tienen que comenzar nuevos caminos y abrir nuevas puertas individuales para comprender, lo mucho que se extraña a un personaje o a una situación. Como dice el clásico, parece que ahora sí, en el final, se aprende. Con las amistades pasa lo mismo, nunca se acaban pero se desgastan, no se olvidan pero se hacen a un lado por cumplir con otros compromisos.

El mezcal siempre acompaña a la verdad. Es su fiel amigo, su cómplice, un facilitador de sinceridades, y un entrañable duende que reactiva lo que parece adormilado.

Con Alejandro las cosas siempre han sido así. Ambos habíamos olvidado cuánto mezcal, viajes, y situaciones hemos vivido juntos o acompañándonos a la distancia. Habíamos olvidad en qué circunstancias nos conocimos, la coincidencia amistosa desde el inicio, las formas entrañables de construir complicidad. El mezcal fue el pretexto para acompañarnos como amigos y compadres. Se terminó la distancia soberbia, se alejó con tragos de El Jolgorio el desdén del tiempo. La amistad no acaba, se transforma, y la nuestra aquel día tuvo nuevos bríos. Gracias compadre por que regresamos al camino ahora que ambos necesitábamos estar acompañados. Salud y gracias.

Recomendación del mes

Nunca beba solo. Trate a toda costa de encontrarse con sus amigos, parejas, compañeros, ligues, romances o lo que sea que lo acompañe a beber una etiqueta nueva de mezcal o de cualquier otro destilado. Reencuéntrese con usted mismo a través del contacto con los suyos, de aquellos que lo quieren y extrañan. Y sí, por si se lo preguntaba, curioso lector, aquel compadre y amigo sí es Alejandro Ruiz, su Alejandro, el de Casa Oaxaca.
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laloplascencia

Cocinero mexicano dedicado a la investigación gastronómica. Nombrado por diario Excelsior como "El chef que ha revolucionado la forma de entender la gastronomía mexicana" Fundador de CIGMexico - Lalo Plascencia, nombrado Maestro Cocinero de México, conferencista, masterclass y promotor de #sherryMX Creador del Seminario de Actualización en Cocina Mexicana y Gastroinnova: Seminario de Innovación y Creatividad en Cocina Mexicana

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