El Sentido de la Vida

¿Quiénes somos y hacia adonde vamos? Preguntas irresueltas que marcan el destino del ente social denominado humano. Lo colocan en un lugar privilegiado sobre el resto de las especies, le dan capacidad de decidir, de contrastarse, de preguntarse y resolverse; y si la vida o la iluminación les alcanza, hasta de encontrarse porque en la duda y el error el humano se construye.

Las confrontaciones pueden venir de cualquier sitio. Desde un momento en soledad frente a la naturaleza, dentro de un automóvil en pleno tráfico citadino, en ocasiones de abandono y tristeza, o en el mayor de los regocijos posibles. Confrontar no es perder, sino ganar, triunfar sobre los impedimentos naturales, sobre las limitantes naturales y autoimpuestas. Confrontar en última instancia es la barrera máxima de la humanidad, es oportunidad, punto de partida: origen y destino.

La pregunta que se desprende de los planteamientos anteriores –y conste mi querido lector que no quiero sonar pedante, pero en serio que estamos filosofando al máximo- es: ¿para qué hacemos las cosas? Sabemos perfectamente que lo que somos y hacia dónde vamos tardará una vida –y a veces mucho más- en resolverse. Pero en realidad, el la vida se resume en el para qué, el sentido de la existencia se condensa en la búsqueda de esta respuesta, en la consagración filosófica por la verdad.

Desde siempre me ha quedado claro, mi curioso lector, que mi oficio de investigación gastronómica tiene un sentido: la transformación social. No concibo un país con una grandeza gastronómica tan amplia y con tanta pobreza. Me duele y apesadumbra que tras haber sido la cuna del maíz, chiles, y frijoles, el 60 por ciento de la población mexicana se encuentre en estado de pobreza, sin importar el adjetivo de extrema o media, es pobreza y punto.

Encuentro un México sin sentido, sin orientación, a veces sin razón de hacer las cosas. Sin afán de sonar pesimistas o deprimentes, habrá que hacer consciencia sobre la responsabilidad que representa ser una gastronomía considerada como patrimonio intangible de la humanidad. Es una responsabilidad global, sin dudas, pero también es una responsabilidad interna.

No solo de documentación, registro y divulgación, sino de auténtica recopilación de datos que nos resuelvan el problema más grave de todos dentro de la cocina mexicana: la extinción del campo, y como consecuencias, la dilución y desaparición de insumos, técnicas, métodos, platillos y tradiciones relacionadas y originadas con el campo.

Sé, mi instruido lector, que habrás visto o escuchado un sinfín de llamamientos como este. Quejas por doquier, fotografías que invitan a la reflexión, textos –unos mejores que otros- que convocan desde distintos ángulos a lo mismo. 

Pero insisto, ¿para qué hacemos las cosas?, ¿cómo nos subimos al carro de la vanguardia mundial tras comprender la relevancia de los valores conformadores de la gastronomía nacional?, ¿cómo desde nuestro lugar y oficio le damos sentido a los esfuerzos?

Porque somos muchos pensando y haciendo cosas desde ángulos diversos. Pugnamos por la transformación del escenario culinario in extremis vanguardista, pero a veces se nos olvida el campo. Otros pugnan por el académico, y se olvidan de lo social, y otros pugnan por ellos mismos y se olvidan de los demás. 

Confieso, mi discreto lector, que a veces olvido el sentido de lo que hago, me pierdo en la academia, me olvido de que todo inició para diluir los rezagos sociales, de aquellos niños en Veracruz que cambiaron mi vida para siempre al demostrarme que una paleta de caramelo en medio del decembrino frío serrano de menos 4 grados es un gran regalo porque se convierte en alimento de una semana y en esperanza de una infancia.

Consciencia y paciencia parecen ser las claves. Unidad con objetivos claros. Capacidad para concebirnos como individualidades que en conjunto se potencian pero jamás se nublan. Comunicación con el mundo, pero antes regreso a quienes reclaman desde hace siglos hablar y ser escuchados. 

Sí, somos una cocina patrimonio de la humanidad y muchos seguimos instalados en el tren de la ignorancia. Las cocinas parecen modificarse día con día, y tienen que hacerlo, para progresar y adaptarse al mundo actual. Las tradiciones no son piedras angulares inquebrantables ni inamovibles, son referencias desde las que se puede tener mayor y mejor conocimiento para promover la transformación.

Necesitamos confrontarnos a nosotros y a los otros para que las cosas tomen sentido. Para reorientarlas o redefinirlas si es necesario. Y en el peor de los casos definirlas. Desde la cocina ya no se puede ser ciego ante lo evidente: el campo mexicano se muere, la milpa se extingue, el maíz se diluye, lo que nos daba sentido parece ya no darlo, lo que era piedra angular comienza a desmoronarse.

La identidad es un factor en continua construcción, no una entidad inmóvil. El sentido de la vida para el cocinero es generar valor, diseñar herramientas que le permitan conectarse con el campo que les otorga insumos, con las técnicas que les dan una ruta, y con la gente que ostenta esos conocimientos generación con generación.

Sí, el sentido de la vida se obtiene tras la confrontación, tras las preguntas básicas que nos den rumbo, que sean faro para los días oscuros. Un poco de cuestionamiento al día no hace daño, sólo confirma, reafirma, construye o destruye, pero jamás hará daño. Lo ideal es compartir confrontaciones, publicarlas, gritarlas si es necesario. En el camino para darle sentido a la vida, la memoria y la compañía son básicas. Preguntar, acompañar, actuar y ser; parecen el resumen de la vida misma.

Anuncios

Published by

laloplascencia

Cocinero mexicano dedicado a la investigación gastronómica. Nombrado por diario Excelsior como "El chef que ha revolucionado la forma de entender la gastronomía mexicana" Fundador de CIGMexico - Lalo Plascencia, nombrado Maestro Cocinero de México, conferencista, masterclass y promotor de #sherryMX Creador del Seminario de Actualización en Cocina Mexicana y Gastroinnova: Seminario de Innovación y Creatividad en Cocina Mexicana

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.