El Atardecer de un Siglo

Por Eduardo Plascencia
Texto publicado en Revista Mujeres de Oaxaca, septiembre 2010

Desde la gastronomía también se mueven conciencias en aras de transformar las barreras de lo posible. El llamado por el orgullo nacional ya no triunfará desde la política; confío que lo haga desde la cocina.
Un aniversario es un tiempo de aceptación, reflexión y transformación. Cada celebración es una oportunidad para mejorar los errores del pasado, modificar las acciones presentes y visualizar un futuro distinto.

Los festejos del bicentenario y centenario en México se vislumbran como una de las grandes plataformas para convocar al orgullo nacional. Nada más falso. Las celebraciones venideras son sólo un montaje que distrae la atención de los dolorosos y crecientes contrastes sociales. El festejo ofrece recuerdos fatuos, gastos infructuosos, discursos huecos y acciones sin sentido que se diluirán con el caminar del tiempo.
En la columna de enero previne sobre situaciones en el año que nos invitarían a sentirnos seguros del rumbo futuro de la nación. Para los perspicaces, esos pretextos no triunfaron porque desde enero las crisis nacionales siguieron su curso sin considerar que el 2010 estaba consagrado para la identidad mexicana. El Mundial terminó, las elecciones de medio año rindieron medianos frutos y la política de bajo nivel domina el panorama.
Aun entonces no me equivoqué: el estado financiero y político del país se encuentra vapuleado, la sociedad reduce diariamente su paciencia ante los retos no cumplidos y la gravedad económica no ofrece ningún aliento.
Como si todo marchara en orden, en las carreteras federales proliferan unos tímidos letreros que anuncian el camino que unos tomaron hace dos siglos para construir una patria y que hoy no lleva a ningún lado. Esa Ruta Bicentenaria hace un escueto y simplista llamado a la memoria que se deslíe ante el indignante presente: el país es más violento, más injusto, más desigual y más apático que hace 200 años. La ciudadanía quiere recuperar su autoridad, pero el sistema no morirá con facilidad.
UN NUEVO GÉNESIS

Desde siempre los sueños por construir una nación distinta han rondado mi cabeza. En cada conversación siempre escucho frases que buscan exculpar las fallas individuales, las apatías grupales o las malas decisiones nacionales: “Nos falta apoyo; si tan sólo tuviéramos ese apoyo; para crecer necesitamos apoyo”. 

La solicitud de apoyo aturde mi razón. ¿Qué apoyo necesitan?, ¿En realidad lo necesitan?, ¿el apoyo por sí mismo brindará los cambios necesarios?, ¿es una exigencia honesta o es un pretexto que condena a la eterna victimización y a la constante inoperancia?.
Afortunadamente, hace unos días encontré un brío esperanzador. Liboria Solano es profesora de primara de la comunidad poblana de San Nicolás de los Ranchos y fundadora de una cooperativa que difunde el orgullo por las frutas criollas locales, los chiles en nogada y las artesanías en basalto. Cada vez que Solano tiene un foro para mostrar sus productos busca que sus hijos tengan un futuro diferente a la miseria que ella experimentó en su infancia.
“Los gobernantes nos han traicionado siempre buscan como perjudicarnos más. No soporté más ese abuso y me decidí a que las autoridades nos respetaran a nosotros (los ciudadanos) también como autoridades”, me dijo con una mirada de coraje enjugada con lágrimas que expresaban pasión, dolor y esperanza. 
Para Liboria, ese citado apoyo siempre ha consistido en convocar a los otros, mover sus conciencias e invitarlos a construir con trabajo e ideas un presente distinto.
Ese mismo día, me enviaron un discurso que la politóloga Denisse Dresser ofreció hace meses en Monterrey. Su llamado pretendía mover conciencias para que lo imposible fuera posible. Para mi sorpresa, su voz tremulante, su mirada apasionada, sus ademanes indignados y su discurso conmovedor coincidían con los de Liboria. 
Jamás se ha requerido de estudiar en el extranjero, tener tres autos o hablar cuatro idiomas para soñar con un mundo distinto. La confianza en sí mismo y la insatisfacción ante el presente son las llaves que abren las puertas de cualquier destino.
Al final, Liboria y Denisse son iguales: dos personas que aman su tierra, dos creyentes de los cambios sustanciales, dos mujeres que luchan por sus hijos, y dos mexicanas que tienen fe en un país con intenciones de adueñarse del lugar que siempre ha merecido.
Las fiestas patrias se vislumbran como el inicio de algo y no como la conclusión de un todo. En México las cosas apenas comienzan y la gastronomía toma nuevos bríos. La cocina mexicana es motivo de identidad para un país desilusionado; una identidad que ni las malas decisiones políticas o las perjudiciales propuestas elitistas puedan simplificar o velar.
Confío en que las celebraciones vendrán con más pena que gloria, que los atrevidos gritarán por justicia, los inteligentes tratarán de cambiar el rumbo y los apasionados las tomarán como el inicio de una nueva etapa. 
Los cambios se construyen diariamente y las batallas modernas se ganan con ideas. La nueva revolución mexicana apenas comienza y sólo falta decidir de qué lado vamos a luchar. Para mí, el camino siempre ha sido claro.
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laloplascencia

Cocinero mexicano dedicado a la investigación gastronómica. Nombrado por diario Excelsior como "El chef que ha revolucionado la forma de entender la gastronomía mexicana" Fundador de CIGMexico - Lalo Plascencia, nombrado Maestro Cocinero de México, conferencista, masterclass y promotor de #sherryMX Creador del Seminario de Actualización en Cocina Mexicana y Gastroinnova: Seminario de Innovación y Creatividad en Cocina Mexicana

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