Felipe Samario Mea Culpa

Por Eduardo Plascencia
Texto publicado en Revista Mujeres de Oaxaca, febrero 2011
Fotos Diana Plascencia
¿Qué es ser exitoso? ¿un estado de ánimo, una ilusión, una meta conseguida o una forma de ser? ¿El éxito está necesariamente ligado con la fama y la fortuna, o se puede ser exitoso en la ignominia? ¿Para ser exitoso hay que ser reconocido, o simplemente haberse ganado el respeto por uno mismo y de los que nos rodean?

En México, la representación del éxito tiene diferentes matices. A veces la injusticia obliga al más humilde a esconderse en los páramos de la soledad y lo destierra acompañado de un destino de humillación permanente y de olvido social. Su éxito es muy diferente a aquel que tiene la economía de su lado o el poder a su servicio. Pareciera que en este país, el fracaso es sinónimo de olvido, o para ser laxos, de ausencia de recuerdo.
La carencia de memoria es para el mexicano una cruel navaja que atraviesa su médula espinal y que lo insensibiliza hasta alejarlo de su esencia y sus congéneres. Miles de personas mueren cada día con el deseo de ser recordados por su familia, amigos y conocidos. Cientos de personas desaparecen confiando en que su labor ha sido cumplida y que el tiempo les reconocerá con sus virtudes. Entonces, ¿el éxito está determinado por el recuerdo y la permanencia en la memoria propia y ajena? Sin dudas, para el mexicano la muerte es un paso para ser exitoso en la vida. Para el oaxaqueño, la muerte es el comienzo de la vida misma, en otro plano, con otra historia.

Sólo hasta que dejan de estar en el mundo de los vivos nos damos cuenta que no le damos el reconocimiento necesario a las personas que más lo merecen. A aquellos que con su sonrisa nos reciben fraternalmente y nos convidan de su forma de ver la vida, de su manera de ser, y de su manera de comer. La cotidianeidad es otra cadena que nubla el alma y ciega la vista ante lo puramente bello e imprescindiblemente humano que es el brillo de lo auténticamente exitoso.

Para ser francos, confieso que no conocí cuanto debía conocer a Jesús Felipe Samario Manzano. Amigo, cocinero, amante de la vida y el mezcal, leal hasta la médula y temperamental como cualquier oaxaqueño. Confieso que lo conocí a través de sus conversaciones, de sus platos en Casa Oaxaca, de las referencias de otros amigos como Luis Arellano o Alejandro y Marcos Ruiz, y de las pláticas con mi hermana con quien trabó una incipiente y sincera amistad.
Confieso que todas las charlas que disfruté a su lado no fueron suficientes para entender la complejidad de sus ojos negros brillantes que veían al mundo con un ensamble de inocencia e ilusión. Una mirada con destellos pícaros de su gusto por la vida, pero llenos de esperanza ante todo lo grande que el destino estaba por ofrecerle.

Confieso que me aterró saber de su extinción. Confieso que no soporté la culpa de no haber tenido más tiempo para platicarle y escucharle más, y apreciarle mejor.

Confieso que las decenas de vasos de mezcal que tomamos juntos no fueron suficientes para conocer del todo su espíritu divertido, que cansado por las largas jornadas de trabajo siempre estuvo dispuesto a provocar y ofrecer una sonrisa más… ¡la última y nos vamos!… con Felipe no eran copas, eran risas y lecciones de vida.

Confieso que era un conversador nato pero con un flujo muy particular y extraño para utilizar las palabras e hilar el discurso. Parecía que al mismo tiempo de contar una anécdota personal cuestionaba las tuyas, y entonces la conversación se hacía más prolongada. Confieso que era complicado callarlo cuando su plática se extendía, pero era impensable interrumpirlo cuando recordaba a su madre, su infancia y su pueblo.

Su gusto por la cocina fue circunstancial, más bien, por necesidad como en muchos otros casos. Pero confieso que se encontraba en la mejor de sus épocas para seguir aprendiendo de la mano de su maestro Alejandro y de su colega Luis. Confieso que su carácter de líder dentro de cocina exigía respeto y otras veces miedo, pero su capacidad para enfrentar la dureza del oficio sin dudas siempre exigió admiración.

Y para ser sinceros, confieso que estoy casi seguro que muchos de ustedes tampoco lo conocieron. ¿Cuántas veces les sirvió un plato sin darse cuenta? ¿cuántas veces les acompañó al mercado sin agradecerle? ¿cuántas veces lo vieron por la calle sin saludarle? Confieso que después de saber de su partida me golpeó de frente el entendimiento por la fugacidad de la vida y lo imprescindible de atesorar los momentos, de respetar al otro en su oficio, y de agradecerles aunque no sea necesario.

El contexto de su desaparición lo darán las notas rojas. La circunstancia de su vivir lo dará el recuerdo que decidamos mantener de su espíritu bravío, amistoso, lleno de energía y de hambre por la vida. Confieso que hasta hoy aprendo lo suficiente de su vida y que su lección es clara: Felipe demuestra que el éxito de la existencia humana consiste en eliminar la mezquindad sentimental con los que nos rodean y valorar con pasión a aquellos que hacen el andar más sencillo. La virtud de la humildad se convierte en el síntoma inequívoco del éxito.

Confieso que nunca le agradecí su amistad y que no caminé lo suficiente a su lado. Te confieso, Felipe, que no te conocí bien. A cambio déjame asegurarte que lo que sí haré será recordarte bien. Para mi, el recuerdo es tu éxito y la memoria tu homenaje… Gracias Felipe, nos volveremos a encontrar…
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laloplascencia

Cocinero mexicano dedicado a la investigación gastronómica. Nombrado por diario Excelsior como "El chef que ha revolucionado la forma de entender la gastronomía mexicana" Fundador de CIGMexico - Lalo Plascencia, nombrado Maestro Cocinero de México, conferencista, masterclass y promotor de #sherryMX Creador del Seminario de Actualización en Cocina Mexicana y Gastroinnova: Seminario de Innovación y Creatividad en Cocina Mexicana

6 thoughts on “Felipe Samario Mea Culpa

  1. Las mejores memorias, las mejores palabras son las que salen del corazón; admiro mucho tu manera de llevar las palabras al texto, pero es increible como transformaste esos sentimientos en palabras, y aun mas sorprendente que con en esas palabras se aprecia sublimemente la esencia del verdadero Cocinero Mexicano…
    Un gran saludo…

  2. YO TENGO 2 PREGUNTAS Y UN AGRADECIMIENTO HACIA TU PERSONA EDUARDO PLASCENCIA:
    PRIMERA PREGUNTA ES QUE SIGNIFICA MEA CULPA?
    Y LA SEGUNDA ES QUE TANTO COMVIVISTE CON EL CHEF JESUS FELIPE?
    MI AGRADECIMIENTO Y RECONOCIMIENTO EN ESPECIAL ES POR HABER PLASMADO UN SENTIMIENTO APEGADO A LA SEMEJANZA DE VIDA EN LA QUE SE DESEMBOLVIO EL CHEF FELIPE, EL PLASMAR EN TU REVISTA EN SENTIMIENTO NATO QUE SIEMPRE LE MOSTRO A SU MADRE (EL SIEMPRE PUSO A SU MADRE EN PRIMER LUGAR; PARA EL NO IMPORTABA NADIE MAS QUE SU MAMA.
    EDUARDO PLASCENCIA, PLASMASTE LETRAS DE VIDA DE UNA GRAN PERSONA, AMIGO, HERMANO Y PILAR DE LA FAMILA; AGRADESCO INFINITAMENTE A TU PERSONA, TE MANDO UN CORDIAL Y MUY SINCERO SALUDO

    AHSM.

  3. hola,
    agradezco muchíismo tus comentarios y pues respondo a tus preguntas
    1. la locucion mea culpa, se utiliza para dar una confesion, o sea es MI CULPA o confieso que es mi culpa.
    2. como dije en el texto, lo conoci pero jamas lo suficiente como para decir que lo conocia. de eso se trata el texto, de decir que siempre pude haberlo conocido mucho mas.
    mil gracias por tus comentarios y sigo a tus ordenes

  4. gracias eduardo por que apesar de que ya paso un año te sigues acordando de el lo cual me da mucho gusto te lo digo por que despues de que el murio no sabes la infinidad de amigos que salieron cosa que ami me llena de rabia enojo por que en vida realmente lo criticaban destructivamente pero nada de eso impidio que el siguiera con sus sueños y anhelos afortunadamente tu eres una de las pocas personas que hasta la fecha se acuerda de el al igual que diana y lo que escribiste es realmente conmovedor y muy cierto felipe como decia chef mis kiwis yo soy un cocinero simple cocinero y su inspiracion su mamà la sra adela, felipe
    fue un hombre admirable que siempre vivira en nuestros corazones y no nos queda mas que seguir su ejemplo, una vez mas gracias eduardo lo que publicaste es algo realmente increible,

  5. no hay nada que agradecer. siempre pasan estas cosas, lo mejor es seguir recordando a nuestro querido Felipe como ejemplo de lo que requerimos valorar en nuestra vida. un abrazoteeee

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